miércoles, 28 de diciembre de 2016

POESÍA Y AMOR




El collage de "Walt Whitman", es de Karyn Huberman.         ​
"El Poeta". Retrato de Eugene Boch, Óleo     sobre lienzo de Vincent Van Gog.



POESÍA Y AMOR 

“Si una mujer comparte mi amor/ mi verso rozara la décima esfera de los cielos concéntricos / Si una mujer desdeña mi amor/ haré de mi tristeza una música/ un alto rió que siga resonando en el tiempo/escribió morosamente Borges.

La poesía y el amor, para Octavio Paz, brotan de una fuente común y confluyen en una misma experiencia; son el retorno a la unidad perdida, y van recomponiendo todo lo que el lenguaje rompe por medio de etiquetas defectuosas. El poeta cree en el poder de la palabra, porque cree en el poder del amor. La poesía, como el amor, es un encantamiento, es el deseo realizado a través de la palabra –expresión de emociones-, salva distancias, combate la duplicidad y el fracaso, unifica y alienta vida. El amor, al precipitarnos hacia el otro con toda intensidad, nos reencuentra con nosotros mismos. La poesía proyecta el lenguaje en miles de direcciones y hace que la realidad encuentre su espacio de expresión, siendo la apertura explícita hacia logros de libertad y de profundo entendimiento. Los poetas son quienes rompen el corsé de los significados únicos, al escribir poemas por donde respira la realidad y abre vías de entrada al mundo. Y lo hace convocando –alquimia del alma- a uno de sus mejores aliados: el amor. El amor necesita aire abundante y fresco para no asfixiarse, hallándolo en la estética de la palabra, en la sensibilización del lenguaje; o lo que es lo mismo en la poesía, que es sensibilidad y es pasión puesta en todo lo existente. La poesía amorosa es encantamiento; es el poder de aprehensión y verbalización que posee el poeta, es el deseo del desahogo realizado en la palabra, es la emoción, es el filtro necesario, la ternura, la vivencia, abarca todo lo humano.


Los condicionantes y virtudes del lenguaje poético, abren horizontes relevantes que marcan los parámetros de una cosmovisión por donde sacudirse y estremecerse a placer. El poeta escribe por amor, porque el amor, como la poesía, es la prueba concreta de la existencia del hombre, lo que le da fin y sentido. El poeta evoca en la poesía el deseo de espiritualizar el amor –percepción incondicionada-, un estado en que afecte el corazón y a la vez la palabra. Podemos decir que todo poema habla, a través de la erótica del lenguaje, de amor; y que todo amor, se articula y nos introduce –proceso de seducción, instante intenso de fascinación- en la poesía, ahí donde el bardo intenta eternizar el deseo gozoso o los efectos de aquello que fervorosamente siente. En todo caso, pese a la necesidad de dejar constancia del sentimiento, el poema, como el amor, no puede ser descrito ni explicado, sólo sentido y definido en sus propios términos. Ya lo dijo también lúcidamente Octavio Paz: “El poeta no quiere decir: dice.





Barcelona. Noviembre de 2016.
©Teo Revilla Bravo.





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