miércoles, 25 de enero de 2017

LA POESÍA COMO SENTIMIENTO



Calíope, Musa de la poesía épica. Elemento de un grupo de Apolo y las Musas. Copia romana del siglo II. d.C. Ludovisi-Collection.
"Safo y Alceo" pintura del neerlandés Lawrence Alma-Tadema (1836-1912)








LA POESÍA COMO SENTIMIENTO


En mi afán por hallar sensibilidad, sentimiento y sentido a la vida, una de las facetas que más me han interesado e interesan para lograrlo es sin duda la incursión en la literatura, concretamente en la poesía. Pero no todo aquello que leo y leo mucho satisface ese reclamo, pues me encuentro con frecuencia con poemas que pudieran considerarse de hechura impecable, perfectos en su composición,  en su consonancia, léxico y ortografía, aparentemente intachables, a veces rubricados por firmas de verdadero prestigio (no olvidemos algunos poemas panfletarios del mismo Neruda o del mismo Alberti, por poner ejemplos conocidos aunque no sean ejemplo específico del asunto al que ahora me refiero), que una vez leídos, apenas si me dicen algo o directamente no me dicen nada, considerando que tan sólo son poemas cuidadosamente bien escritos donde el autor se volcó en  medir la métrica al milímetro y en lograr la perfección de su arquitectura. Al leerlos, uno nota que le falta lo sustancial. Y lo sustancial en poesía es, sencillamente, tocarte el alma. Al fallar en lo fundamental el escritor, sientes que ha fallado en todo, que tan sólo ha dejado una simple indiferencia.  
La poesía es arte y es sentimiento, algo  que se convierte en una forma personal de concebir y vivir la vida. El poeta, al escribir, se compromete con el hombre, le habla con el corazón en la mano, le proporciona campos para hallar o descubrir la propia sensibilidad, le ofrece claves para ver la vida desde el lado más sensible y humano. Un buen deseo, un gozo, un sufrimiento, el amor o desamor, una locura hermosa o una paranoia oscura, una denuncia sobre una injusta situación, lo que fuere, ha de aportar el poema si brota del fondo del alma, si es sentido desde lo más íntimo del corazón. El poeta, ante todo, ha de creerse lo que cuenta volcándose en ello con las mejores armas literarias que posea. Y no, no hace falta la perfección a la hora de escribir, ya vemos que a veces esa supuesta perfección es más un inconveniente que un acierto. Lo importante intentando hacerlo lo mejor posible, es saber trasmitir el sentimiento inteligente, conveniente y convincente, de lo que interesa decir; es convertir las palabras en arte y emoción, algo que no se aprende en academias ni en supuestos talleres de propagada escritura. Ahí está precisamente lo complicado, el acierto o desacierto de toda forma artística; ahí está, evidentemente, el poeta o el simple imitador o aficionado.
La realidad de quien escribe ha de nutrirse del sentimiento, y éste ha de ser escrito en el bloc del corazón. Al igual que en pintura donde unos trazos aparentemente manchados de color son capaces de contar lo que el alma del pintor quiere decir, en poesía no se necesita de artilugios ni malabarismos retóricos para hacer de ella algo eficaz. Y es eficaz, será más eficaz, si le da importancia quien luego lo lee. Siendo aconsejable que éste lo haga una y otra vez hasta entenderlo bien, pues es esencial saber qué quiso decir el autor, qué sentimientos pretendió plasmar al escribirlo, que emociones evocar, aunque es cierto que a veces el poema como en todo arte queda abierto a interpretaciones personales. Para llegar a dominar el arte  poético se ha de leer bien, se ha de indagar en lo leído, se ha de ir culturizando uno. Donde habita el genio, habita el arte; donde habita el sentimiento, habita la poesía.

Barcelona. Enero de 2016.
©Teo Revilla Bravo.




  

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