viernes, 27 de enero de 2017

SOLEDADES



"Angel caído" Oleo del pintor chileno  Américo Hume







SOLEDADES



Soledades. Rostros aparentemente ecuánimes,
semblantes que escapan tediosos de los sueños...

Cinco espinas clavadas y un desamor profundo,
silencioso llanto que la noche desasosiega.

Tu semblante, amor, soñado en la triste amanecida,
cervical impulso, plegamiento entre sábanas,
cabeza ocultada  descifrándote inútilmente.

Veo y leo tu rostro preciso y luminoso como un aroma
que lo revelara el mundo, en el ilusivo espejo del sueño.
Pienso en ti, en tu esencia personal, e inmediatamente
en el sexo al que incita el presentido cuerpo de ilusión.

Simplifico el recuerdo. Lo hago en un intento por exhalar
el ruido eréctil  y parnasiano producido por el deseo
activo preso y anhelante, situado al filo del goce permitido.

Tu cuerpo amapolado en sazón de apetitosa vedada
fruta,  en mí difuso brazo que el deseo roza
se despierta como brevísimo cáustico espejismo.

Luego, displicente, elevado un tanto sobre la cama
de la desmemoria, intento calmar alborotos y pasiones
abriendo un viejo libro de olvidados poemas.

Leyendo. A riesgo de captar o no captar algo positivo
pues se trata nada más y nada menos,  que de profusos
vanguardistas versos Trilce del gran César Vallejo.

Y haciendo caso omiso a la luz del día que me llama
y reclama pertinaz, a la imaginación onanista y traidora
que aún me exalta, desmedido y aturdido vuelvo a dormir
perezoso otro rato, destapada la cabeza y panza arriba.



“SOLEDADES” (Provisional)
 Cuaderno  XVIII
2013- 2014)

©Teo Revilla Bravo.



Enfermo doliente y soledad

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