miércoles, 8 de febrero de 2017

LA IMPORTANCIA DE SABER CAPTURAR LA LUZ…


"Corriendo por la playa", Obra de Joaquín Sorolla, realizada en 1908.          





LA IMPORTANCIA DE SABER CAPTURAR LA LUZ…  



La luz, en pintura, es el objetivo principal, es la consigna a seguir, es el esfuerzo. Todo buen pintor, comienza a obrar con pequeños anhelos, generalmente impulsados por un deseo de retratar, de la menara más nítida y personal posible, aquello que toma por objetivo. Para ello cobra capital importancia capturar, con precisión de tonos, esa luz ideal que exalte lo que se pretende destacar de la obra. Ha de haber, por tanto, en el pintor, un compromiso con sigo mismo, un arresto, una voluntad de no perderse en el intento, pese a que el cuestionamiento constante que asoma con cada pincelada sea una parte activa e incómoda del empeño. Enaltecer ese brillo de luz significa, nada más y nada menos, que el logro de la perspectiva, de la textura y del relieve, verdaderos sostenes de la obra que se realiza. Así lo consideraron, y así supieron gestionarlo, los grandes maestros de la pintura en todo tiempo y lugar. Por ejemplo el gran Sorolla, que supo como pocos mezclar colores, investigar pigmentos y hurgar en todo ello, hasta ver surgir pincelada a pincelada la imagen, magnetizada en un contexto y en una atmósfera radiante y natural como fueron para él las playas valencianas.

La luz, principio y fin en el arte pictórico, se ha de convertir en fuerte obsesión para el pintor, que seguirá buscando denodadamente, en ese dar vueltas y vueltas en los sucesivos ciclos de su trabajo, la mejor manera de hallarla, aplicarla y conceptuarla. De este modo la luz se convierte en propósito, y si es logro en eso que denominamos técnica, provecho, razón y vida, que es con lo que se pretende dotar a personas, paisajes, abstracciones u objetos. Realidad y presencia, la luz, y su  inseparable sombra, se entienden entre sí, se necesitan mutuamente, crean volumen y contrastes, forman un todo, son el empeño y la razón artística.

Para ser un valioso pintor hay que autoafirmarse; ha de saber captar la luminosidad, de tal manera que la labor proporcione una actividad subjetiva, revestida de infinitas formas y referencias, algo que, indefectiblemente, condicionará el resultado y la propia percepción del arte. Hay que aspirar a crear una inmensidad; favorecer un encanto u emoción; hacer posible la proeza de hallar la magia y la poesía, todo eso que queremos perdure en la retina del espectador. Pintar es una disposición de ánimo, pero a la vez es una profesión que ha de tomarse muy en serio, ya que  requiere un verdadero esfuerzo mental como es que salir a hacerle frente ─papel, muro, lienzo─ con planos que se estructuren en coexistencia y en armonía, de tal modo que formen un conjunto de imágenes que establezcan el plan colectivo final. Pintar es también una distracción noble, bella, terapéutica y serena, plena de sentimientos y recompensas, es una autoafirmación de la  propia experiencia artística. Pero asimismo es, o puede ser, sufrimiento, cabreo, fracaso o  frustración, si se complica, si no se obtienen resultados positivos; en todo caso, es un gran interrogante, una fuente de inestabilidad emocional, sólo superada cuando la obra adquiere placer visual y se cubre de certezas, cuando llega a ser diamantina luz. En el lenguaje del pintor conocer el significado de la luz, entraña el encuentro feliz con la obra, sentirla no dando tanto crédito a la razón como a la emoción creadora, pues cuanto más sugiera ésta mejor será el tesón y la constancia en el  proceso creativo y en su acierto.



Barcelona. Febrero de 2017.
©Teo Revilla Bravo.





6 comentarios:

  1. Quiero comentarte, como complemento a tu magnífico internamiento en la luz, con las palabras iniciales del prefacio de los ensayos literarios de M. Proust: "Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia. Cada día me doy más cuenta de que sólo desde fuera de ella puede volver a captar el escritor algo de nuestras impresiones, es decir, alcanzar algo de sí mismo y de la materia única del arte".

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  2. Y yo te lo agradezco enormemente Alfonso. Es un aporte de gran importancia. Gracias por citar aquí a Proust.
    Buenas noches.
    Teo

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  3. Está claro que dentro de una obra pictórica, la luz es de importancia vital, ella manda las sombras y la profundidad de las mismas, ella genera los blancos amarillentos o blancos azulinos dependiendo del sol o la nubosidad que se presenta en la imagen. Sin duda que Sorolla es quien mejor muestra la fuerza de la luz en la pintura, pero creo que también debemos nombrar a Turner, Hayez, Georges de la Tour y Caravaggio entre otros. Un excelente escrito como siempre. Besos

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    1. Gracias, Karyn Huberman. Esto de la luz en la pintura, en las artes, en la vida, no es ninguna novedad. El problema es saber encontrarla y aplicarla. Todos esos pintores que nos nombras sin duda supieron hacer bien ambas cosas. Gracias por la lectura. Abrazos.
      Teo

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  4. Gracias, otra vez, Teo, por tu instrucción para un profano de la pintura.

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    1. Mauricio, qué bueno verte por aquí compartiendo sensibilidad, literatura y aspectos artísticos. Un abrazo.
      Teo.

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