viernes, 24 de marzo de 2017

CREACIÓN


               Jean Cousin en su obras Eva Prima Pandora



EL MITO DE PANDORA
Existen variadas versiones del mito, una de las más comunes es la que nos cuenta que el padre de los dioses, indignado por el engaño de Prometeo (el que prevee), que había creado a los mortales y robado el fuego del Olimpo, temeroso del poder que estaban adquiriendo los hombres, decide castigarlos. Para ello piensa en una figura de mujer a imagen de las diosas, y encarga su creación a Hefesto.
Afrodita le da su belleza y encantos, Atenea un hermoso vestido para cubrirse , Hermes pone en su corazón la maldad y la falacia, Zeus le insufla vida y le entrega una caja cerrada que contiene todos los males y miserias, con los que piensa vengarse de los hombres. Y envía a Pandora, como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo, a quien éste le había hecho prometer que no aceptaría ningún regalo de Zeus.<pero Epimeteo, deslumbrado por la belleza de Pandora, olvida sus promesas y la desposa. Pandora acuciada por la curiosidad abre la caja y esparce el infortunio sobre la humanidad: la peste, el dolor, la desgracia, la envidia. Todo menos la esperanza que queda en el fondo de la caja.


CREACIÓN


El desfile de semillas justifica el raudal de luz que brilla sobre el planeta. Germinarán: la diosa está a punto de dar su bendición.

Cuando la creación es brazo y es pie que avanza, cuando es cerebro y es ardiente ceniza pero también voluptuoso viento que orea, los seres recién paridos, aún transparentes y viscosos, inician el periplo de la vida cobrando todo su sentido. Ya son pequeñas manchas en la planicie, ya bultos sobre la hojarasca de la extensa fronda, ya inseguros resuellos al aire tibio, ya latidos del verano. Sean lo que sean, la diosa asoma la oreja y escucha contenta los sutiles sonidos: siente que no hay nada comparable, todo lo observa y le parece bien.

Las gotas de lluvia, como sucesión de tiernos oleajes, aportan la necesaria humedad, la sutileza ambiental, favorecen el humus, dan debido frescor, contrarrestan el calor del sol cuando éste es excesivo. Bajo estos auspicios, los seres recién nacidos comienzan torpemente a caminar, a desarrollar su inseguro destino, a frenárseles el crecimiento llegado a un punto, a hacerse por fin el tiempo en ellos.

Cae la noche despejada de nieblas, la luna se desliza solapadamente por entre los torrentes de estrellas moviéndose vagabunda, mientras el sol por otros lares se prepara para el regreso a su cita cotidiana. Nace el día. Todo se ilumina. Sonidos del céfiro destapan la bruma  con primorosos silbos. Son retumbos que van formando un leve bullicio y luego otro y otro, hasta llegar a ser gran algazara que al abarcar el espacio formará la palabra y con ella el entendimiento.

Prolongaciones de tiempo. Dichas y desdichas agitándose en los jóvenes corazones. Comer, excrementar, amar, fornicar, ascender y descender caminos, habitar, plantar, pescar, cazar, cultivar la inteligencia, dejar descendencia, envejecer y morir para entrañar nuevos seres que compartan y mejoren la labor de lo previamente instruido: el trigo para la harina, la harina para el pan, y así el arroz, las frutas, verduras, hortalizas, utensilios, cultura y arte, mientras se consumen los segundos y con ellos los años, las décadas, los siglos. Todo lo transforma el vertiginoso horario que va acumulando a un lado despojos, residuos del tiempo, raíces y hojas  secas que como afiladas espinas aprisionan la carne viva de la civilización, rueda que rueda que se agranda cubriéndose de experiencias que con frecuencia no sirven para remediar errores, desastres, ni desasosiegos.

La civilización acaba por engullir al último ser. Todo finaliza. La diosa, retrocediendo desconcertada, esconde la cabeza bajo el ala misterioso de la nada, y al vuelo se eclipsa desolada.


  DESDE EL FONDO
Cuaderno V. 1978 - 1980
©Teo Revilla Bravo.



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