martes, 25 de abril de 2017

ESPECULAR CON EL ARTE


"Las Meninas" de Diego Velázquez. El famoso cuadro donde participa, a través del espejo, lo no contado pero presente...










ESPECULAR CON EL ARTE

“Habitamos un mundo al revés por la sencilla razón de que es un mundo que recompensa la especulación y castiga el trabajo. Entonces es un mundo al revés porque recompensa al revés, recompensa lo que debería castigar y castiga lo que debería recompensar”.  Eduardo Galeano.

Lamentablemente, nos guste o no, el arte, que es la expresión más especial y espiritual del ser humano, está expuesto, como casi todo en esta vida, a la especulación. Al menos en el caso de la pintura, cuyo negocio se traduce en millones de euros o dólares, algo que solo las grandes fortunas se lo pueden permitir e intercambiar;  los demás hemos de conformarnos con obras aparentemente menos relevantes, no conocidas, ignoradas o desdeñadas por el medio especulativo, aunque muy posiblemente compensen nuestro anhelo de sentirnos acompañados por sus efectos benefactores. Cuando mencionamos a Van Gogh -hay muchos más-, se nos remueve todo por dentro al pensar que murió en la miseria, ignorando que sus obras hoy ni se sabe en cuánto valor monetario pueden estar estimadas. Es una inmoralidad. Una obscenidad con la que tenemos que convivir las almas sensibles en este tema mientras no cambien las tornas, algo que tal y como va el mundo se ve difícil. El arte no se debería traducir en dinero, y menos en apuestas de millones por parte de  señores caprichosos y volubles. Este hecho es todo un desprecio a la creatividad y honestidad de muchos pintores, a los que no les mueve otro fin que la necesaria expresión artística. Afortunadamente, y es un consuelo, hay artistas que no se dejan manipular ni prostituir en ese sentido. Como es una fortuna que haya obras musicales, fotográficas o cinematográficas, que pueden de alguna manera estar al alcance del disfrute de todo el mundo, escapando a ese tipo de abusos vergonzantes. Centrados en la música, tenemos obras magistrales como La Novena sinfonía de Beethoven u otras de grandes autores clásicos o menos clásicos que, al no ser ejemplares únicos por fortuna no quedan ocultas en cajas fuertes de entidades bancarias, pudiendo ser reproducidas y escuchadas a voluntad propia. 
Las subastas públicas son uno de los termómetros que miden el mercado o mercadeo del arte. No es el único, pero sí de los más importantes. Recojo un dato (que es el que al leerlo me ha llevado a escribir este pequeño artículo) que nos confirma que las ventas privadas viven su Edad de Oro. Los datos son de la casa de pujas Sotheby’s que ha pasado de generar en esa rama del negocio 625 millones de dólares (560 millones de euros) en el año 2014  a unos 673 millones de dólares (603 millones de euros) durante el 2015.
En estos casos de encarecimiento de obras de arte a través de grandes subastas, intervienen galeristas, pintores con ánimo de lucro, y supuestos coleccionistas con mucho poder adquisitivo. La guía que propicia estas ventas en subastas, son los precios que marcaron las anteriores. No nos engañemos: estas subastas ponen en la picota obras que posiblemente no hubieran destacado para nada en otras circunstancias, pero a las que de este modo se les concede un privilegio que en muchos casos no lo merecen, ya que su cualidad y calidad son irrelevantes; su verdadero valor, es simplemente el potencial beneficio cuantitativo que proporciona la compraventa. No nos engañemos: o estamos dentro del mercado y por ende asumimos sus reglas por muy obscenas que estas sean, que no,  o estamos fuera sintiendo cómo nos inunda, en lo que nos es posible y que nos llega libre y reconfortante; un arte que, llegando a lo más profundo de nuestro ser, nos saca una sonrisa, nos proporciona un sosiego, nos mantiene fuertes y sensibles.


Barcelona. Abril de 2017.
©Teo Revilla Bravo.




6 comentarios:

  1. Cuando el arte se mercantiliza cambia de universo...

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  2. Así es, Francisco; lo has dicho muy bien. Saludos y casi, casi buenas noches ya. También mi abrazo.
    Teo

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  3. Lo importante es que el creador lo haga sin pensar en ello, es decir, no crear para vender... si se da la suerte, bienvenida sea. En todo caso, tengo claro que si no hay trato directo con el artista, son todos los intermediarios los que de verdad ganan y el artista... va tirando. Otros inmensos pintores no tuvieron ni siquiera esa mínima suerte y murieron pobres sin vender nada de lo que años después se pelotearan las casas de subastas de arte. ¡Una pena! Besos

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    1. Besos, Karyn Huberman.
      Sí, sí que es una pena.

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  4. Cuando me preguntan si vendo, no me queda más remedio que contestar que no, pues vender un cuadro al año no es vender, y añado: Espero que no me pase como a Van Gogh, pues lo que es indignante es que tu no vendas pero después de muerto otros se forren con tu trabajo. Buen artículo Teo.

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    1. No, no es fácil, Antonio, vender para la mayoría de quienes pintamos con todas las ganas e ilusiones del mundo, ojalá este fuera un medio fácil de poder ganarse la vida la gente que tiene aptitudes, pero no es así: se vende poco en ese sentido y no da para comer. lo que es preocupante es lo que he intentado denunciar en el artículo, esa especulación, ese enriquecimiento a través de artistas que ya no pueden defender ni denunciar nada.
      Un abrazo.

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