lunes, 12 de junio de 2017

"LAS TRES GRACIAS"



Rubens (1630-1635)  "LAS TRES GRACIAS"




       
Este cuadro de Rubens, “las tres gracias”, es el más famoso de cuantos se han pintado sobre ellas –recordemos la obra de Rafael-, es un cuadro que nos hace reflexionar, según palabras de la profesora de arte en la Universidad Complutense Carmen Bernárdez,   sobre la tiranía de la belleza y sobre la salud por encima de las partes erógenas. En esta obra, los cuerpos femeninos se salen de los cánones de belleza actuales, para complacerse en recrear arrugas, resaltos y pliegues de la piel, se supone que al gusto de la época, ideal hoy para que los jóvenes vean cómo es recomendable valorar otras cualidades del cuerpo femenino.

El mito de las Tres gracias se basa en la existencia de estas tres diosas, del hechizo, la alegría y la belleza presidiendo los banquetes y los bailes. Aquel que fuera bendecido por una de estas gracias, se convertiría en un gran filósofo, en un orador o deportista. El pintor flamenco Pedro Pablo Rubens, lo ilustró como nunca se había hecho antes, y lo hizo de tal modo que nos parece posible poder tocar esos cuerpos pletóricos realizados con pinceladas sueltas resaltando las carnaciones y sensuales relieves, y sentir el tacto de la piel nacarada y preciosa reluciente bajo el sol aunque se supone están bajo la sombra de un árbol. El resultado es de una gran sensualidad.

El estatismo del Renacimiento dio paso a un movimiento de remarcada exuberancia, como se aprecia en esas tres hijas de Júpiter y Eurímone, Aglae, Eufrosina y Talía, que Omero relaciona con Afrodita que a su vez simboliza la belleza, la sexualidad y la fertilidad; aunque también se las relaciona con la amistad y la generosidad, pues eran pródigas en otorgar dones.

Comentar el cuadro resulta algo complejo, pues los ojos se quedan anonadados ante la visión de los tres cuerpos inmersos en un paisaje que resulta secundario a todas luces, y donde no faltan los habituales ciervos ni las flores, ornando el momento de estas tres hermanas entrelazadas en círculo. Las tres retrasan ligeramente un pie, como si quisiera iniciar una danza, dando una sensación de movimiento armónico y circular, en diálogo con las formas curvilíneas de los cuerpos resaltados por las transparencias de las vaporosas gasas. Las diosas parecen bien avenidas y contentas mientras comparten confidencias… Pese a que los tres cuerpos parecen similares, el artista consigue dar a cada uno de ellos su propia personalidad. La mujer rubia podría ser el retrato de la segunda y jovencísima esposa del pintor, según algunos, una jovencita de dieciséis años cuando él tenía ya cincuenta y dos, llamada Helena Fourment. Fuera cierto o no, parece que el pintor, cuando pintó el cuadro, estaba exuberante bajo los efectos de su  estrenada y amorosa vida conyugal.




Barcelona, junio de 2017.
©Teo Revilla Bravo.
   


6 comentarios:

  1. Hechizo, alegría y belleza, la verdad es que teniendo esas tres virtudes no se necesita más. si eres bella y alegre, y además tienes la posibilidad de hechizar con tus encantos ¿Qué más se puede pedir?, no me extraña que estuvieran felices, contentas y divertidas bailando en el bosque... mientras el lobo no está (rememorando aquella canción infantil).
    Es una obra hermosa que dista bastante del canon de belleza actual.
    Besitos.

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    1. Así es, Karyn, dista bastante, hoy sería muy difícil hacer virtud de esos cuerpos repletos de michelines... Para que veamos cómo todo puede ser subjetivo y cómo nos influyen las modas... Gracias por tu comentario.

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  2. Excelente y agraciado análisis de una obra arquetípica. Gracias, Teo.

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    1. Gracias a ti por la insistencia y el tesón en llegar...
      UN abrazo.

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    1. Hilda, amiga, muchísimas gracias por dejar aquí pareceres y amistad.
      Fuerte abrazo.

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