domingo, 9 de julio de 2017

LA OBRA DE ARTE Y SU MISTERIO


Fragmento del cuadro de Velázquez "las Meninas" 


¿Qué está dibujando Velázquez en ese lienzo siempre sorprendente y misterioso? No pueden ser los monarcas, porque acaban de llegar, y no pueden ser las meninas, porque están justo al lado del pintor... 
La realidad del cuadro, aunque esté titulado como Las Meninas, es que no está dibujándolas a ellas; tampoco a los reyes que entran por la puerta... Aquí llegan algunas suposiciones interesantes: ¿a caso nos está pintando a nosotros, los espectadores, que nos situamos frente a su pincel y nos toma como modelos? Esto sería tan inquietante como asombroso. En realidad nadie sabe qué esconde este lienzo... 

Velázquez nos dejó un asombro con su pincel, quizás un mensaje. Disfrutemos tratando de entenderlo, o simplemente admirémoslo complacidos.






LA OBRA DE ARTE Y SU MISTERIO
                                                               

«No hay nada sobre la tierra que tienda con tanta fuerza a la belleza y se embellezca con mayor facilidad que el alma. Por eso muy pocas almas resisten en la tierra a un alma que se entrega a la belleza».” Nos lo dice Maeterlinck, dramaturgo y ensayista belga.

Toda obra de arte, innegable e indiscutible, es global, no puede ser una creación inútil solo válida para alegrar la vista y adornar paredes. La obra de arte innegable e indiscutible ha de aparecer cargada de sensaciones, de inquietudes que se atemperan, de imágenes que atrapan el alma y la abducen conduciéndola más allá de lo crudamente razonable. Toda obra de arte tiene una vida propia que no admite alteraciones una vez dada por concluida, posiblemente porque iniciada nunca tiene fin concreto, algo que sabe muy bien el artista cuando decide lanzar ese: “Ya está, déjalo así, no marees más la perdiz”, dándolo por finalizado. La obra de arte indudable, es siempre contemplativa; es mística o espiritual, pues está llena de sentimientos y sensaciones, algo frágil siempre pero que sirve para el desarrollo y a la sensibilización humana. La obra de arte deja una huella secreta, necesaria, y libre. 

No hay poder que pueda sustituir al arte ni acabar con él, por mucho que se haya intentado y manipulado desde altas esferas del poder preponderantemente políticas. La obra de arte nace del artista, y éste tiene el deber de intentar transformar a través de ella la situación de la realidad que respira, reconociendo ese deber como algo grande y sagrado que orbita en torno al arte y en torno a sí mismo. Para ello el artista debe ahondar en su propia alma y educarla; debe cuidarla y desarrollarla para que su talento pueda manar con absoluta autonomía libre de elementos tóxicos; y lo ha de hacer adecuando la forma ideada a un contenido atmosférico íntimo, subjetivo y vital, algo que con frecuencia se convierte en su propia cruz por la dificultad que existe de poder lograrlo.

Pensamiento y sentimiento, son los principales materiales que posee el artista para realizar sus creaciones; luego vendrán los otros elementos palpables y oportunos que harán posible poder llevar la obra a la práctica. Alma y arte están íntimamente relacionados, por vía reveladora -como diría Kandinsky-, al utilizar el artista líneas, formas, notas o colores, todo eso que le es necesario para lograr sus fines, que nos son otros que lograr independencia y singular existencia artística en cada obra; ambos sujetos, artista y obra, quedan independientes una vez acabada la obra, han de respirar libertad ya que viven y actúan, uno devenido del otro, como fuerzas creativas singulares. La obra de arte indiscutible e innegable, no deja indiferente: atrae poderosamente la atención del espectador cuando existen puntos de encuentro entre ambos. Decía Claude Debussy con respecto a la música: La belleza debe apelar a los sentidos, nos debe proporcionar un goce inmediato, nos debe impresionar e insinuar sin ningún esfuerzo de nuestra parte. 

En tal caso, tras ponemos ante una supuesta obra de arte, solo se puede discutir si es buena (deja vibraciones), mala (provoca rechazo), o simplemente nos es indiferente. Pero esto, como dar con esa obra especial que nos deslumbra como ninguna otra sin saber bien por qué sucede, es también una cuestión particular.



Barcelona, julio de 2017.
©Teo Revilla Bravo.


  

4 comentarios:

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo en tu brillante exposición sobre el arte, su proceso creativo y la percepción de la obra final por quien la contempla (lee o escucha). Tanto es así que recuerdo cómo mi propia valoración de ciertos autores u obras ha ido cambiando con el tiempo, haciéndome modificar mi criterio a medida que mi vibración se sumaba a la suya. Interesantísima materia de reflexión también el misterio que plantea "Las Meninas", aunque parece que la explicación oficial es que Velázquez está retratando a los reyes, situados frente a él como denuncia el espejo, pues quien entra por la puerta es el aposentador José Nieto Velázquez.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto lo que dices: la visión que causa una obra determinada puede variar con el tiempo, como también varían nuestras percepciones y nuestros valores, normalmente para crecer en ese sentido. Está claro que esas renuncias significan la capacidad de llegar mucho más allá de lo que éramos capaces de hacer anteriormente. Nos vamos alimentando, nos vamos formando y adquiriendo gusto y sabiduría, el arte ya está del todo en nuestras vidas. En cuanto a Velázquez. Sí: se supone que pinta a los reyes, pero no está tan claro. Hay quienes opinan que , en ese espejo que está colgado en la pared refleja la luz donde el rey y la reina aparecen con un cortinaje rojo, no sabemos si están quietos posando para Velázquez o si entran en ese momento en la habitación procedentes de otra sala. En cuanto al fondo, en la puerta de madera con cuarterones que se abre a una estancia posterior muy iluminada, José Nieto que está en las escaleras, nada nos dice de si en realidad viene o se va.... En todo caso, la obra es de tal magnitud, que impresiona mucho.
      Un abrazo, Francisco Rodríguez Mayoral, agradecido siempre.

      Eliminar
  2. Es absolutamente particular, subjetivo. Uno puede saber que está frente a una obra de arte reconocida como tal por una cantidad importantes de críticos o especialistas y aún así, no tiene porque remecernos o hacernos sentir esas vibraciones de las que hablas, puede ser que tampoco rechazo, pero creo que independiente que uno reconozca su valor artístico debe haber algo más que nos mueva por dentro para considerar esa obra "arte" y no sólo una pieza ornamental bonita. En cuanto al cuadro de Velázquez, yo creo que sí pintaba a las Meninas pero las veía desde un gran espejo en donde se reflejaban tanto ellas, como los reyes y él mismo... Besos

    ResponderEliminar
  3. Claro, esa obra sabes que lo es -arte- porque te lo han contado así, porque le viene de lejos, porque le dieron celebridad. Pero si esto resiste al paso del tiempo tiene ya mucho ganado. Para muchos, yo lo he escuchado más de una vez, Picasso -otros también-
    hacía muchas "mamarrachadas". Pero eso no quita que sus obras sean a nivel general geniales, porque todo su bagaje como pintor lo es, porque supo abrir nuevas vías al arte que antes estaban cerradas y a la espera, etc. etc. No siempre sabemos distinguir emocionalmente la obra de arte. Pero sí es ésta, la que nos hace vibrar emocionalmente por dentro, la que logra interesarnos y hacerse válida de verdad a nivel personal.
    Gracias por tu exposición, Karyn Huberman

    ResponderEliminar